El rey sabio y prudente

Per Wenley Palacios

La transición hizo tabla rasa con el pasado, desde la II República hasta la Constitución. Pero hay otra transición que los valencianos aun no hemos disfrutado. Nos la deben. Tras la muerte de Carlos II el 1 de noviembre de 1700, los españoles se enredaron en la Guerra de Sucesión entre partidarios de Felipe Duque de Anjou y Carlos Archiduque de Austria. Aunque el 25 de abril de1707 los franceses vencen en la batalla de Almansa, aun no es el final de la guerra, pero, al morir el Emperador de Austria José I, le sucede su hermano el Archiduque, que por tanto ya no puede ser Rey de España, según lo legislado por Felipe IV. Tampoco lo hubieran consentido las naciones europeas, participantes y verdaderas impulsoras de la guerra, que no querían ver unidas en la persona de un mismo Emperador a Austria y a España, ni a un Rey que lo fuera de ésta y de Francia. Los españoles dejan de desangrarse poco después de la firma del Tratado de Utrech el 13 de julio de 1713.


Els Furs de Valencia

Felipe V, nuevo Rey España, se venga de los vencidos con los Decretos de Nueva Planta. El de 29 de junio de 1707 suprimió el sistema legislativo y político valenciano “por el derecho de conquista que de ellos han hecho últimamente mis Armas con el motivo de su rebelión”. Al poco a Cataluña y Aragón les devolvieron sus fueros privados, es decir , sólo Valencia perdió, además de sus fueros y libertades, su derecho privado, que el reciente Nuevo Estatuto de Autonomía promete devolver.

Como primer paso el Gobierno valenciano ha aprobado con el consenso de los partidos políticos la Ley del Régimen Económico Matrimonial Valenciano de 20 marzo de 2007, que tenía previsto entrar en vigor el 25 de abril de 2008. Mi gozo en un pozo. Poco antes de esta última fecha Rodríguez Zapatero la ha recurrido ante el Tribunal Constitucional y la Ley quedó en suspenso. Recientemente el Pleno de dicho Tribunal ha levantado la suspensión para evitar un "indebido bloqueo" de las competencias de la Comunidad Valenciana, reconocidas en el Estatuto. No se discute el fondo del asunto. Seguro que su Presidenta, María Emilia Casas, no nos tratará como a los catalanes, a los que su marido, también magistrado de Constitucional, cobró 6.000 € por un dictamen a favor de Estatuto Catalán. Ella asesoró a la abogada Dolores Martín, investigada por el asesinato de su esposo, actuación que según el Tribunal Supremo y el Constitucional no es delito, ni falta administrativa, pero no cumple con la universal regla ética de que la mujer del César no solo ha de ser honesta sino también parecerlo.

El Gobierno valenciano tiene preparada la Ley de Sucesiones, que tanta falta hace, pues, entre otras cosas, entra a legislar la herencia de las empresas familiares, para evitar su fragmentación y en definitiva su ruina y desaparición. Desconozco por qué no la aprueban las Cortes Autonómicas, pero debe publicarse cuanto antes sin miedo a más castigos del señorito del cortijo de la Moncloa, que nos castiga porque aquí siempre pierde.

Los valencianos debemos luchar por los derechos civiles que se recogen en nuestros fueros, debidamente tamizados por la Constitución, como Ley superior, pues no olvidemos que nuestros fueros son herencia de muchos siglos, que no tenían siempre el carácter de privilegio, sino de pacto. Lo dice muy claramente Alfonso II en 1333, ante Francisco de Vinatea que le reprocha que quiera desmembrar las ciudades de Alicante, Elche, Los Vales de Elda, Nobelda, Orihuela, Guardamar, Játiva, Alcira, Morbedre, Burriana, Morella y Castellón, en contra de lo que mandan Els Furs, en perjuicio del Reino de Valencia, por un capricho de su segunda mujer, Leonor de Castilla, a favor de su hijo Don Fernando.

Vinatea acudió a la presencia del Rey acompañado de los demás Jurados de Valencia, que lo eligieron para que llevara la voz cantante. Confesó, comulgó y oyó misa. El pueblo había tomado las calles y amenazaban con asaltar el Palacio Real. “Me maravillo del Señor Rey de todo su Consejo, de las donaciones que ha consentido” –Pedro II el Ceremonioso transcribe en su “Crónica” las palabras del morellano elegido por sus iguales como Jurat en Cap- “cuando no podía separar dichas villas del Reino de Valencia, si lo hacía no sería nada; pero ellos no consentirían dichas donaciones, las contradirían y que se maravillaba de él y de su Consejo y los llamaba traidores; no cambiaremos de opinión, aunque me separe la cabeza del cuello, o nos mate a todos, y os prometo señor que si nos morimos no escapará alguno de estos que son aquí, todos morirán a espada y vos señor y la reina y el infante Don Fernando.”

El Rey miró a la Reina: “esto queríais oír”. Furiosa, llorando, contestó: “señor, esto no consentiría el Rey Alfonso de Castilla, nuestro hermano, porque él los degollaría a todos.” El Rey de Valencia volvió de nuevo la mirada hacia la Reina y luego, poco a poco, hacia los Jurados: “reina, reina, nuestro pueblo es libre, y no está sojuzgado como el pueblo de Castilla, porque ellos me tienen a mí como a Señor y nosotros a ellos como buenos vasallos y compañeros”.

Esa libertad de que gozaron siempre los valencianos se la deben a Don Jaime, así como otros muchos derechos. Fueron miembros de las Cortes, en mayor número que nobles y clérigos juntos, desde que se celebraron las primeras tras la conquista de Valencia. La idea fundamental de Don Jaime es la de apoyarse en el pueblo llano para gobernar, por eso es considerado como un rey sabio y prudente. Le llaman “El Conquistador”, pero las conquistas pocas veces duran a través de la Historia, ni suelen conformar definitivamente un reino. Don Jaime supo estaba empeñado en tener un Reino suyo, propio hecho a su manera, no heredado y lleno de cargas feudales. Un Reino libre y pegado a sus gentes, por eso lo dotó de moneda e instituciones propias y de leyes nuevas, distintas de las de Aragón y de los Condados que hoy llamamos catalanes.

El Privilegio de 11 de abril de 1261 cuenta que Don Jaime juró Els Furs y dispuso que así lo hicieran los sucesivos Reyes de Valencia, para mantener vivas las libertades y el derecho de los valencianos, verdadero pacto entre éstos y el Rey. No podemos perder para siempre los derechos coviles que recogían nuestros fueros, debemos luchar para recuperarlos. Tal vez, haya que llamar a un nuevo Francisco de Vinatea, para que rodeado de sus iguales, con el pueblo en la calle dispuesto a todo, reclame al Gobierno Central lo que es nuestro.

cites

Nadie podrá asegurar que el valenciano y el mallorquín sean dialectos del catalán en el verdadero sentido de la palabra. Los tres se han desarrollado con absoluta simultaneidad de tiempo y divergencias léxicas, sin influirse mutuamente
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