ESPAÑA 1, GABACHIA 3

Per Obdulio Jovaní Puig

LO dijo Boskov: «Fútbol es fútbol». O sea. Se inició a ras de suelo como juego, y acabó en los cielos, en un satélite de Sogecable, como negocio, con el césped a modo de corrillo de Bolsa, de parqué. En estos días del mundial, don Jesús del Gran Poder puso a servir a todas sus terminales -SER o no ser, esa es la cuestión- a todos sus canales, ante la que iba a ser la mayor ocasión que vieron lo siglos, más allá de Lepanto y de Cervantes, a la búsqueda del «pay per view» -que España le desborda, que por algo favorece a Zapatero y sus bombas de fragmentación territorial- estandarizando a la afición, tribalizándola, pintarrajeándola, disfrazándola hasta hacer de ella clientela. Para eso están sus predicadores al micrófono, para la excitación instintiva del personal, gargarizando el ¡goooool! hasta el éxtasis.
Todo confirma a Boskov: ¡Fútbol es fútbol! Ahora se pondera como éxito táctico la posesión del balón, el tócala, tócala otra vez Sam, el toque toque, el tiki taca; se levanta el mister, se acerca orilla del campo y marca la estrategia: mueve las manos, las aletea, izquierda, derecha, izquierda... tocar, tocar, tocar... Así escribió Del Bosque del partido España-Gabachia: «Nos dejaron tener el balón, pero siempre en zonas no peligrosas». Tócala Sam, tócala... Y así nos fue. Ayer mismo, uno de los predicadores de «La Sexta» dijo en un momento: Brasil inicia un ataque estático... ¡Atiza!
Dejé de ir a Mestalla desde que un buen día conté ¡trece pases horizontales seguidos entre los defensas! Al fin, ¡uf!, se deshicieron del balón, ¡retrasándolo a su portero! Claro que en un partido anterior, en un saque de puerta conté ¡17 jugadores dentro del círculo central! Y en los saques de esquina se apelotonan como piojos en costura junto al portero levantando una empalizada cuasi inexpugnable. Amén de agarrarse, empujarse, darse manotazos, codazos, zapatazos... cuando no escupitajos. Y si alguna vez se desorientan y se topan con la puerta contraria y meten un gol, elevan la gesta a la altura del descubrimiento de América, o de la escalada del Everest, recorriendo el campo entre pantomimas mil reclamando el Nobel del patadón. ¡Fútbol es fútbol!
Fuera de juego, cambio de actualidad. Ha sido elegido un nuevo miembro de la Academia Valenciana de la Llengua, otro filólogo oficial, otro salvalenguas del caciquismo académico que viene a hacer de las palabras filología, otro policía de la lengua que velará inquisitorial e inútilmente por la pureza de una herramienta instrumental cuyo fundamento respiratorio y libertario es la indisciplina para caminar por encima del tiempo y de las autoridades...
Algo sé del nuevo académico: que confunde apóstrofo con apóstrofe; que cree que toda la provincia de Castellón pertenece a La Plana; que sabe un valenciano de pupitre, que no sabe qué es «argilaga» ni qué son «alborsos»; que dice que «maular» no es palabra valenciana mientras los gatos de mi pueblo «maulen» que no paran; que dice que «pobil» está en desuso y en mi pueblo desgastamos la palabra; que dice que la ortografía de «conte» es un vulgarismo... Y así todo.
Y el Molt Honorable pidiendo a la Academia que valencianice. Qué sarcasmo. De seguido, oigo en Canal 9 -ese Guantánamo correccional, esa checa de la lengua- «desballestar» a lo que decimos «desguaixar», «avaría» a lo que decimos «avería» - en barceloní «bestia de cárrega»-... Seguimos en la impostura, en el papanatismo cultural. Remedando a Boskov cabría decir: ¡Servilismo es servilismo!

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Escrich en vulgar valenciana, per ço que la nacio d’on yo so natural se’n puixa alegrar e molt ajudar...
Joanot Martorell

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