De parásitos

Per Cesáreo Jarabo

Cuando hoy se habla de parásitos, la gente acostumbra a pensar, no en los piojos, sino en los políticos y en los sindicalistas. Es, no cabe duda, uno de los mayores logros del sistema.

No obstante, para el buen gobierno de la sociedad civil en vías de revolución, ésta no es la mejor de las posiciones de partida, porque si bien es positivo que sea reconocido públicamente el parasitismo letal de políticos y sindicalistas, parece como si ahí acabase el problema, cuando en definitiva no es sino el principio del problema.

El final del problema, por supuesto, no es sólo el reconocimiento de la situación, sino la reparación de la situación; pero para reparar la situación es necesario que la sociedad civil de un paso previo; a saber: el reconocimiento de la trama parasitaria, que ni por asomo se limita a la actuación de políticos y sindicalistas, si bien son sus principales actores.

Y es que, colgando de los parásitos principales, de cuya identidad es conocedora la totalidad del pueblo parasitado, existe una tupida red de parásitos secundarios que, en no pocas ocasiones se nos presentan como defensores de alguna cuestión social digna de ser defendida, a la par que el grueso de la red parasitaria secundaria está constituido por clientes de los parásitos principales, entre los que no faltan desde los que su fin principal es sencillamente la juerga y el cachondeo, hasta las organizaciones filoterroristas… y toda la red de asociaciones dedicadas a cubrir alguna función supuestamente social. Miles de micro-organismos sociales que dependen de la subvención para sobrevivir, y cuya supervivencia, en la práctica se limita en múltiples ocasiones, a justificar el sueldo, generalmente bastante generoso, de unos cuantos paniaguados.

Subvenciones que llaman la atención son las concedidas a los estudiantes… No a los buenos estudiantes, sino a los malos estudiantes; o a los genocidas: millones de euros concedidos a los centros de genocidio… O a los grupos titulados “antisistema”; los conocidos como “guarros” o “perro-flautas”… Todo, con cargo a los mismos (la sociedad civil), y todo en beneficio de los mismos… La sociedad incivil.

Bien está, repito, que la sociedad civil sea ya consciente del parasitismo de políticos y sindicalistas; ahora toca exigir no sólo la eliminación de los sueldos de políticos y sindicalistas, sino también la eliminación de las subvenciones, que representan una carga que no he calculado, pero que presumo de “unos cuantos” millones de euros anuales.

Y después… ya veremos.

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Nadie podrá asegurar que el valenciano y el mallorquín sean dialectos del catalán en el verdadero sentido de la palabra. Los tres se han desarrollado con absoluta simultaneidad de tiempo y divergencias léxicas, sin influirse mutuamente
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