La cultura de los incultos

Per Obdulio Jovaní Puig

Lo escribió aquí “Cándido”, el periodista Carlos Luís Álvarez: “En los aledaños de la cultura es donde se encuentran las mayores restricciones a ella”. Tómense como referentes para validar esta afirmación – a modo de prueba del siete – la Universidad de Valencia, la Academia Valenciana de la Lengua, la Junta Qualificadora de Coneixements de Valencià… y el Consell Valencià de Cultura.

Ahí están, adictos al sopicaldo oficial, aforados a buche lleno y convoluto, amanuenses que engullen la sopa boba con tropezones – rosigones progresistas, curuscos científicos, codornos cívicos, sequetes normalizados – con los que adelgazan las ingenuas carnes de los votantes. Porque de la cultura hacen intimidación, oda o ditirambo, paralogismo en boca de simoníacos y beneficiados, salvoconducto para acomodo en las ubres del poder, vanidad para reivindicar su inteligencia unos cuantos prepotentes, difuminadotes de la diversidad, epígonos de la unidad retórica que venden su ilustración en la almonedas de la convivencia.

También aquí escribió Juan Manuel de Prada: “La cultura es una fiesta íntima, una convicción que se va larvando lentamente, nunca un fasto estrepitoso y coyuntural”; “Porque estamos – añadirá Marta Portal – en la captación de sus referentes culturales por la política… en ese didactismo artificial de la cultura espontánea”.

Resumen: la Universidad de Valencia como localismo con diseño de Mariscal, cumbre del monigote; la Academia – ese Tribunal de Delitos Lingüísticos – que hace de las palabras filología, que las perpretan, las inmersan y hasta las imprecan, valgan los palabros; donde tiene la lengua tantos apóstoles, tantos apóstatas que hacen votos de obediencia foránea, menegildos y rodrigones que tanto sirven para un roto en Barcelona como para un descosido en Valencia, numerarios de dos caras. La Junta Qualificadora de Coneixements de Valencià, Santo Oficio que impone normativas integristas, axiomáticos fervorines del “mitjà”. Y por fin, el Consell Valencià de Cultura, desde donde la aconsejan tantos cultos oficiales, que van de acá para allá representando autos de fe. Acá dando su amén al alicatado del Teatro Romano de Sagunto, alegando que sería “una animalada” devolverlo al estado primitivo; allá lanzando, urbi et orbi, una filípica universal: “Que los incendios de montes sean declarados crímenes contra la Humanidad”. Y están en contra “dels bous al carrer, dels embolats”, de los derribos del Cabanyal… Sus propuestas son inefables: prohibir el tráfico en el Paseo de la Alameda de Valencia; proteger los “riuraus” de Massarojos, declarar Bien de Relevancia Local el barrio obrero “Ramón de Castro” de Patraix, al igual que el palacete Giner-Cortina de Torrent; reparar la cúpula de la iglesia de las Escuelas Pías de Valencia; y para acabar el relato retirar el cableado de los edificios declarados Patrimonio Cultural…

Grisolía, “cap del Consell”, acaba de pedir la renovación de algunos de sus miembros, unos porque se pasaron, otros a punto de pasarse, otro que renunció a su cargo. ¿Por qué no se pasan todos? Porque muchas dosis de calzón, mucha desinsectación, mucha desparasitación, mucho jabón y mucho zotal hacen falta para que la cultura pase la prueba del algodón hasta librarse de tanto aconsejador con dietas.

•     Obdulio Jovaní. Articul publicat en el periodic “ABC” el dilluns, 4 d´octubre de 2010.

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Los mallorquines hablan una lengua que es tan antigua como el inglés y más pura que el catalán o el provenzal, sus parientes más cercanos.
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