Breve historia de la Senyera Valenciana

Per Antoni Atienza

Resulta triste que, tras veintiún años de autonomía, aún existan muchos valencianos que se empeñen en negar que la Senyera, la Real Senyera, sea la bandera que nos representa como pueblo. Y prefieren, en su lugar, a la bandera que fuera privativa de los reyes de Aragón. Me gustaría, aquí, clarificar las cosas, para despejar dudas y alejar fantasmas y fantoches –que de todo hay- en este tema.

De entrada, la bandera cuatribarrada no era la bandera del Rey Jaime I. No existe un solo documento incontestablemente auténtico, que así lo diga. La única representación que tenemos de dicha bandera, es la que figura en el fresco que se conserva en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, procedente del Palacio Aguilar, de Barcelona, pintada al final de la vida del rey. Jaime I aparece, durante el asedio de Mallorca, sentado a la puerta de una tienda, en la cual ondea una bandera... de dos barras rojas en fondo amarillo. Y que no se diga que “es una simplificación” porque los heraldistas saben muy bien que en el blasón no existen las simplificaciones: no es lo mismo una torre que un castillo, ni un león rampante que otro pasante.

Las barras no son ni catalanas ni aragonesas, sino ambas a la vez. Fueron adoptadas como emblema por Ramón Berenguer IV cuando era Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón, abandonando las armas barcelonesas primitivas, la cruz llana de gules. Por tanto, decirles “barras catalanas” es un reduccionismo. Ningún documento serio demuestra que antes de Ramón Berenguer IV, existieran las barras.

Jaime I reinó muchos años, y a lo largo de su vida, el número de barras de su escudo cambió: igual utilizaba tres que cinco. Al principio no era importante. Pero a partir de 1250, la heráldica hispánica comenzó a establecerse, a institucionalizarse, a abandonar las veleidades y a fijar los escudos más rígidamente. Es entonces cuando aparecen las dos barras, usadas por Jaime I, y que fueron adoptadas por los valencianos. Su nieto, Jaime II, plasmó en su blasón tres barras; pero los valencianos siguieron usando dos. No obstante, la figura capital del proceso heráldico fue Pedro II de Valencia y IV de Aragón, “el Ceremonioso”. Fue este rey, hacia 1360, quien fijó “definitivamente” el número de barras en cuatro –aunque los valencianos, durante algunos siglos, acuñaron los escudos de sus monedas con dos -. También fue Pedro II quien adoptó el escudo hoy utilizado por la Generalitat Valenciana, y en su reinado se establecieron los blasones de ciudades como Valencia y Barcelona.

Pero Pedro II era muy celoso de sus símbolos. Por ello, a pesar de que permitió a algunas ciudades el uso de su emblema barrado, también les impuso distintivos, pues las armas “puras” sólo podía utilizarlas él: Barcelona utilizó la cruz llana roja, y a Valencia se le concedió una corona.

Estos emblemas de las capitales de sus estados, eran extensivos a éstos. Así se desprende del privilegio de Sancho de Mallorca, cuando concede ya en 1312 a Palma un escudo y bandera de franja morada con un castillo de plata, haciendo constar que “queremos y establecemos que esta sea vuestra enseña y la de todo el Reino de Mallorca”.

La Senyera valenciana fue creada hacia 1365, en agradecimiento del Rey por los esfuerzos desempeñados por los valencianos en rechazar a las tropas de Pedro I de Castilla. Pero también representó la reconciliación del soberano con un Reino que le había dado muchos quebraderos de cabeza durante la Guerra de la Unión, unos años atrás. Esta bandera tuvo su plasmación heráldica en sellos, en los cuales el escudo barrado se representaba con una corona. Precisamente, la decisión de la ciudad de Valencia de hacer estos sellos son el documento más antiguo que tenemos sobre la decisión real, pues no se ha encontrado el documento de concesión original. En ese texto, se recoge que la ciudad ya había utilizado, sin permiso explícito del propietario, las barras –dos rojas sobre fondo amarillo, como se ve en las monedas y en el portulano de los Cresques -; pero el monarca ahora concedía sus armas –las barras -, a las cuales había que añadir una corona, símbolo del Reino, sobre las mismas: en el “cap subirà”, en el “jefe” del escudo, sobre color azul.

¿Porqué la “franja” –que no es sino el jefe del blasón- es azul? Pedro II era muy consciente de la necesidad de desarrollar toda una mística de su soberanía. Restauró las tumbas de los condes catalanes en Ripoll, construyó el mausoleo real en Poblet, reformó el Palacio de la Aljafería de Zaragoza... Pero quiso ir más allá. Además de crear su propia simbología –el casco del dragón alado, las cuatro barras, etc...-, inventó un escudo para sus antepasados. Adjudicó el origen de las barras a los Condes de Barcelona, representándolas con abundancia en sus sepulcros –origen de toda la confusión -, y a los Reyes de Aragón les creó el escudo conocido como de Sobrarbe: azul, con una cruz blanca en el ángulo superior izquierdo –cantón diestro del jefe -. El color azul sería, por tanto, el esmalte de los antiguos Reyes de Aragón, y símbolo de la realeza. El azul de la Senyera representa a la estirpe real; la corona, al Reino y a la ciudad de Valencia; y las barras, el favor y el amor del monarca hacia un pueblo, al que concede sus armas.

No obstante, queda una cosa pendiente. ¿Cómo sabemos que la Senyera era la bandera del Reino de Valencia?

La Senyera de Valencia era, es cierto, la bandera de la ciudad; pero también era la “bandera del Senyor Rei”, la bandera del Rey de Valencia, la bandera real valenciana: “bandera real nostra”, la llamó Fernando II de Valencia “el Católico”. Por ello, era la bandera principal de la “host”, la hueste feudal que el Rey podía convocar en el Reino de Valencia, para luchar contra rebeldes o invasores. Y conocemos con absoluta exactitud dos de estas convocatorias. En 1462, el infante Jaime de Aragón, señor de la Baronía de Arenós, se levantó contra el rey Juan II de Valencia y a favor del príncipe Carlos de Viana, con mercenarios castellanos. Entonces, el monarca ordenó llamar a la hueste valenciana, escribiendo a la ciudad de Valencia, que era la que aportaba más tropas. El Consell del Cap i Casal escribió a Sagunto, a los señores feudales –de Gandía, Oliva, Denia, el Maestrazgo, la Valldigna, y a los eclesiásticos, informándoles que debían acudir con sus soldados a “seguir a la Senyera”. Al resto de ciudades reales –Morella, Vilarreal, Castelló, Borriana, Ademuz, Alzira, Xàtiva, Ontinyent, Alacant, Guardamar, Orihuela…- les escribió el propio soberano, ordenando que condujeran a sus hombres a Valencia, para “seguir a la Senyera”. Y para que no quepan dudas acerca de cómo era esa enseña, en los documentos internos del Consell valenciano, se refieren a la Senyera indistintamente como la “bandera de la ciutat” o como la “bandera Real”. Respecto a la relación con Sagunto, parece ser que Valencia siempre llevaba sus tropas junto a las de la histórica Morvedre: quizá esa sea la razón de que en el escudo de esta ciudad figurara también el “rat penat”. Por tanto, era la Senyera la que encabezaba a la comitiva de infantes, caballeros, artillería –con una “bombarda grossa”- e intendencia, venida de las diversas ciudades reales y señoríos de todo el Reino de Valencia. Y fue la Senyera la que encabezó los diversos asaltos y asedios que culminaron con la rendición del castillo de la Muela de Villahermosa, donde don Jaime de Aragón se entregó. Fue trasladado a Valencia, y encarcelado en Xàtiva, intercediendo las autoridades valencianas para que el monarca le perdonase la vida. Don Jaime murió en el castillo de Xàtiva poco después.

En 1477 el rey convocó nuevamente a la “host” del Reino, para que se congregara en Valencia y siguiera a la Senyera en la nueva campaña contra el hijo de Jaime de Aragón, que se había hecho fuerte en el feudo que fuera de su padre. Otra vez, las tropas de las ciudades y de los señores feudales, junto en el Centenar de la Ploma y la Senyera, rindieron las plazas, ahora ayudados por el ejército del rey. Por cierto, que como don Jaime se entregó a éste, fue conducido a Barcelona y ejecutado, sin que las protestas valencianas por salvarle la vida sirvieran de nada.

La “host” no se reunió más a menudo por la oposición de la nobleza, poco partidaria de gastar sus recursos en reclutar soldados y mantener caballos de guerra. Ya en el siglo XVI, el ejército valenciano era armado por los Gremios, y su última gran campaña fue la de la represión de la revuelta morisca en la Sierra de Espadán. Tras la Guerra de las Germanías, en la cual la Senyera fue la bandera de los rebeldes al Rey en las batallas de Gandía y de Almenara, el ejército real profesional fue cada vez más importante, y sólo se levaban tropas para ser llevadas a teatros bélicos bajo los estandartes del soberano.

Tras la guerra de Sucesión y la abolición de los Fueros, el Centenar de la Ploma fue abolido, y la Senyera ocultada hasta 1738. En ese año se volvió a sacar entre el delirio del pueblo, para celebrar el V Centenario de la conquista por Jaime I. A partir de entonces comenzó a figurar en la procesión del Corpus, y ello hizo que perviviera como símbolo de los valencianos durante los siglos XVIII y XIX. Con el Romanticismo, se convirtió en la bandera de los regionalistas, como Vicent Boix y Teodoro Llorente, que le dedicaron páginas en sus novelas, y poemas, y de los nacionalistas, como Faustí Barberà, Nicolau Primitiu, Carles Salvador o Xavier Casp.

La regnicolaridad de la Senyera, el que fuera el estandarte del Reino valenciano, nunca fue puesta en duda, y sólo a partir de 1931, con el auge del pancatalanismo, comenzó a subrayarse su carácter de “bandera de la ciudad”, de forma excluyente respecto al resto del Reino. Así y todo, eran muy pocas las voces que defendían la bandera cuatribarrada –asumida como propia por los catalanes a finales del siglo XIX, y rebautizada como “Senyera”, palabra rescatada gracias a su uso continuado por los valencianos- como la auténtica bandera valenciana. Sólo entrados los años setenta, algunos partidos de la oposición franquista adoptaron como propia la bandera cuatribarrada, frente a la Senyera, extendiendo peregrinas teorías sobre el origen de la “franja azul”. De esos años data el terrible conflicto identitario que aún hoy algunos se empeñan en mantener abierto.

Antoni Atienza es historiador, professor i escritor valencià. Autor de “La Real Senyera. Bandera nacional dels valencians”.

Nota: Es poden trobar mes articuls de l´historiador Antoni Atienza en nostra seccio de la revista Renou, en el buscador intern de la web podeu posar ´Antoni Atienza´ i apareixeran tots aquells que tenim d´ell en la seccio de nostra revista. 

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La llengua te vida propia independent, lliteratura propia i pot formar la seua historia d’evolució morfológica dende que s’emancipa de sa mare. El dialecte no pot tindre vida independent, ni molt menys lliteratura propia; per lo tant, rigause d’aquells que sostenen que el valenciá es un pur dialecte; eixos no han llegit nostres clássics del sigles XIV, XV, XV, i XVII.
Lluis Fullana i Mira (1916)

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