Obispos católicos

Per Cesáreo Jarabo

Es de una gran alegría comprobar que en la Iglesia Católica, todavía quedan obispos católicos. Eso nos da lugar a la esperanza en un mundo no sólo descristianizado, sino perseguidor manifiesto de las virtudes cristianas.

Desde el Concilio Vaticano II ha proliferado en la Iglesia una especie que siempre ha estado presente, no nos engañemos: la semilla del Demonio (ahí tenemos, por ejemplo, a Elipando, a Tarancón, a Setién, a Cirarda, a Blázquez... y al clero democrático). Pero como ya Jesús nos anunció, no prevalecerá la fuerza del Maligno. Una muestra de ello es, sin lugar a dudas, el nombramiento de Monseñor Munilla como obispo de San Sebastián.

Los agentes del Demonio, bien que lamentablemente de manera excesivamente pausada, van dejando los puestos tan indignamente detentados durante tanto tiempo en el que han asestado terrible daño a la grey cristiana, a cristianos que tienen la misión de eliminar el olor a azufre que todo lo invade. Bienvenidos los buenos pastores; bienvenido D. José Ignacio. Lo necesitamos fuerte y decidido, fiel a los principios de Cristo.

No le quepa duda, esa fuerza, esa decisión, y sobre todo esa fe le acarreará la inquina del Maligno y de sus agentes, y muchos son sus agentes (85 curas de los 110 que componen la diócesis guipuzcoana lo manifiestan) dispuestos a zancadillearse allí donde se mueva, porque nada que tenga atisbos de bondad, de justicia o de amor a Dios puede ser respetado por ellos, que han contaminado con su presencia todo lo justo y digno que existe; desde la escuela hasta la universidad; desde las asociaciones más diversas hasta la mismísima jefatura del estado... y por supuesto, y de manera incomprensible, el que siempre ha sido amarradero de la verdad, de la libertad, de la cultura y de la justicia: la Iglesia, que está emponzoñada por elementos que deberían ser excomulgados de inmediato.

Los católicos seguimos estando huérfanos. Los católicos estamos necesitando perentoriamente obispos católicos, que pierdan la vergüenza para defender todo lo que es triturado por un sistema opresor como el que padecemos y que nos ha sido impuesto, para tiranizarnos con la falacia de que nos lo hemos dado a nosotros mismos. Tal vez, con la proliferación de verdaderos pastores, surja entre el pueblo algún jefe capaz de organizarnos y de tirar a la cloaca de la Historia todo el fruto del Infierno que nos invade: desde el aborto hasta la eutanasia; desde la deseducación hasta la ideología de género... Y por supuesto con el relativismo tiránico que igualando Bien y Mal sólo aspira al triunfo del Mal.

No cabe duda: la Iglesia está de enhorabuena; España está de enhorabuena porque la Jerarquía parece reencontrar, poco a poco, inaceptablemente poco a poco, el camino que jamás debió abandonar. Esperemos que cunda el ejemplo... y si hay que excomulgar a alguien, incluido algún obispo, que se excomulgue, ¡por favor!

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