Almela y Vives: el trabajo bibliográfico de base

Per Federico Martínez Roda

Con la desaparición de los principales escritores y pensadores católicos valencianos comenzó la catástrofe cultural que acompañó a la guerra civil y que se completó con el exilio de los intelectuales valencianos que se alinearon a favor de la República. Por otra parte, en 1936 en la zona republicana, donde estaba Valencia, fueron depurados los profesores y catedráticos considerados anti-republicanos. Se publicaban en la Gaceta de Madrid largas listas de profesores de todos los niveles educativos suspendidos de empleo y sueldo, entre ellos, por poner un ejemplo emblemático, el rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, porque eran considerados desafectos a la República.

Sufrimiento para todos

Tras la victoria, en 1939, las nuevas autoridades también sometieron a depuración al profesorado con lo que la Universidad española salió muy mal parada de la guerra, y la Universidad de Valencia no fue una excepción: sufrió la doble depuración mencionada, primero durante la guerra civil realizada por las autoridades republicanas y luego, en la postguerra, realizada por las autoridades franquistas. Como balance se puede afirmar que hubo mayor número de afectados por la primera de ellas, lo que, en opinión de Mir Montalt, “cuestiona la visión de una intelectualidad volcada en el apoyo de la República”.

Los supervivientes y los jóvenes que no participaron en la guerra llevaron a cabo una importante labor de reconstrucción, Manuel Alvar lo recuerda con estas palabras: “Nadie piense que dijimos: ”Vamos a reconstruir”. Sería un buen disparate. Sino que careceríamos de todo (de libros, de no pocos profesores, de futuro) y tuvimos que improvisar cuanto nos faltaba. Fue una generación que trabajó muy duramente”.

No hubo vacío literario

Acabada la contienda con la derrota republicana, es sorprendente que la precariedad de medios, el exilio de algunos escritores de gran importancia, las pocas traducciones, la censura y la limitación de ediciones por la escasez de papel no se tradujera en un vacío literario y mucho menos en un páramo cultural. Samuel Ros, convertido en director de la revista falangista “Vértice” (1938-1941) publicaba Los vivos y los muertos (1941) y Con el alma aparte (premio Nacional de Literatura 1944). Por su parte Francisco Castells, con Eramos 7 , y Enrique Errando Vilar con Campaña de invierno tratan temas muy presentes en la sociedad valenciana, como habían sido la guerra civil y la División Azul.

En 1945, Vicente Escrivá vería editada su novela Una raya en el mar ; en 1947, Ángel Climent El rescate del amor ; en 1948, Elías Olmos Canalda publicaba Las Camareras del Cristo , y en tono humorístico Rafael Alfaro Tabeada, La Señorita Smith.

En el exilio Max Aub comenzó su ciclo El laberinto mágico que comprendería Campo cerrado (1945), Campo de Sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963) y Campo de los almendros (1967), que también recrea ambientes y personajes del reciente pasado: II República y Guerra civil.

En cualquier caso, en los últimos años cuarenta y primeros cincuenta se sientan las bases literarias que marcarán la segunda mitad del siglo XX: los premios Valencia de Literatura, establecidos en 1949, cuya primera edición fue ganada por José Ombuena Antiñolo con Sinfonía patética son un ejemplo. Ya se denota una mayor posibilidad de creación literaria que anuncia un despliegue de escritores que eran niños durante la guerra civil y, por tanto, en temas e inquietudes, no viven obsesionados con este tema. Entre ellos tenemos a Concha Alós, Francisco Candel y Vicente Soto. Mención aparte merece Juan Gil-Albert escritor ya importante en 1936, en exilio voluntario en 1939, vuelve a España en 1947 con lo que contribuye al esplendor novelístico, en cantidad y calidad de ese momento, en el conjunto de España (Cela, Delibes, Martín Santos, Carmen Martín Gaite, Carmen Laforet y otros). Además, con todas las dificultades que se quiera pero también fue en estos años cuarenta cuando Xavier Casp y Miquel Adlert comenzaron a publicar en lengua valenciana por medio de la Editorial Torre.

Una obra sólida

Francisco Almela y Vives se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia. Director del Archivo y Biblioteca del Ayuntamiento de Valencia.

Conferenciante habitual, colaboró con revistas de temática valenciana. Fue director de las revistas Taula de Lletres Valencianes , en 1930, de Nostra novel.la , en 1930 y 1931 y, finalmente, de la revista mensual Valencia Atracción , que la dirigió de 1945 a 1967. Colaboró en periódicos valencianos ( Las Provincias ), madrileños ( La Correspondencia ) y barceloneses ( Diario de Barcelona ).

Propietario de una librería de lance desde la que publicó 43 catálogos con más de 22.000 fichas bibliográficas.

Escribió poesía, biografías, obras de divulgación y trabajos folklóricos y geográficos.

a) De sus libros de poemas destacan L’espill a trossos (1928), Joujou (1933); La llum tremolosa (1948), La columna i les roses (1950) y Les taronges amargues (1955).

b) De sus biografías podemos señalar: Sant Vicent Ferrer (1927), Joan Lluís Vives (1936), El bibliófilo Justo y Pastor Fuster (1945), El arquitecto y escultor valenciano Manuel Tolsà (1950), en colaboración con Antonio Igual Úbeda; y la obra publicada póstumamente El Marqués de Campo (1971).

c) De sus obras de divulgación podemos citar: La catedral de Valencia (1927), Pomell de bibliòfils valencians (1929), Novel.les franco-valencianes (1936), El llibre de Mustaçaf y la vida en la ciudad de Valencia a mediados del siglo XVI (1948), Panorama històric de la literatura valenciana (1955), El Fénix. Valencia 1844-1849 (1957), Aspectos del vivir cotidiano en la Valencia de Fernando el Católico (1962) y Las minutas gastronómicas (1964)

d) De sus trabajos folklóricos y geográficos tenemos: Alquerías de la huerta valenciana (1932), El traje valenciano (1946), El barrio de pescadores (1954), Notas sobre el puerto de Valencia (1954), Corregudes de joies (1957), La vivienda rural valenciana (1960), El juego de la pelota en Valencia (1960) y la obra publicada póstumamente Valencia y su Reino (1992).

e) Estrenó tres obras teatrales: L’antigor , en 1931; Lenin o el defensor de Rusia , en 1932 y el sainete La muller enganya al marit , en 1934.

El reconocimiento

Obtuvo la Flor Natural de los Jocs Florals de la Ciutat i Regne de Valencia , organizadas por Lo Rat Penat , en 1950 y 1962. Fue premiado también con el Premio Valencia de Literatura, en 1950, con el premio Ciudad de Barcelona y con el premio Nacional Virgen del Carmen. Cronista Oficial de Valencia, fue nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad. El Ayuntamiento de Valencia creó un premio de Llibrets de Falla con su nombre.

Merece destacarse el delicado poema titulado Illa incognita con el que obtuvo la Flor Natural de 1950. Remite a una imaginaria isla del Mar Mediterráneo. El poeta recurre solamente a la descripción concreta. No hay alegorías ni simbolismo. Por el contrario, una gran selección léxica y naturalidad sintáctica de los versos de arte menor en los que destaca la evocación de la isla por ella misma:

“I l’illa mai no es cansa

d’ésser un tros de món desconegut:

la plena benaurança

rau en la més completa solitud”.

Federico Martínez Roda. Universidad CEU Cardenal Herrera

cites

Los dialectos de la lengua lemosina son la catalana, valenciana y mallorquina. La catalana ha recibido muchos vocablos de la francesa; la valenciana, de la castellana; la mallorquina se llega más a la catalana por ser hija de ella. De todas las tres, la más suave y agraciada es la valenciana y no me lo hace decir la pasión
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