Un pobre palleter li declara la guerra a Napoleó

Per Baltasar Bueno

Durante el reinado de Carlos III (1759-1788), sobrevino sobre España y también sobre Valencia la moda del afrancesamiento, muy en especial en el ámbito de lo cultural.

En el reinado de Carlos IV (1788-1808), los primeros que se levantaron contra lo francés fueron los valencianos, hartos de tanta imposición extraña a su manera de ser y actuar. En los conventos había muchos clérigos y religiosos franceses.

El 27 de febrero de 1793, fueron los alumnos de la Universidad de Valencia quienes se amotinaron. España aún no había declarado la guerra a Francia.

El 25 de marzo, el Capitán General, Duque de la Roca, dictó bando ordenando que “todos los franceses que hubiese en esta Ciudad, se presenten en la Ciudadela, donde en su defecto se les conducirá por la Justicia, para que desde la misma se manden salir fuera del Reino, quedando sus bienes embargados por orden del rey nuestro Señor, y en consecuencia, y respecto que con esta providencia ya no queda motivo alguno, ni pretexto para que ningún Particular intente por sí acción alguna contra las personas y bienes de aquellos…”.

Los ciudadanos de a pie se dedicaron a organizar acciones populares tendentes a desterrar de tierras valencianas al gran número de franceses que residían en ellas, muchos de ellos comerciantes. La salida fue principalmente por mar.

Aunque en un principio los frailes y las religiosas francesas no abandonaron el territorio, pretensión del pueblo, posteriormente el Rey decretó su expulsión, hecho que produjo tensiones entre el Capitán General y el Arzobispo, Francisco Fabián y Fuero. La resistencia del prelado estuvo a punto de costarle la cárcel, a sus ochenta años, y se vio forzado a dimitir y marcharse de Valencia. El Rey le expresó por carta su desprecio ante la actitud de desobediencia que había mantenido.

El 27 de noviembre, el Ayuntamiento de Valencia acordó aportar una importante cantidad de dinero a la guerra que iba a estallar, igual hizo el Arzobispado, la Universidad, la Nobleza, los pueblos de la gobernación...

Declarada oficialmente la guerra, Valencia siguió procurando constantemente hombres y dinero a la causa.

Tratado de Basilea
El 22 de julio de 1795, mediante el Tratado de Basilea, se firmó la paz entre España y Francia, concluyendo la guerra, donde nuestro país no salió bien parado, lo que exaltó más los ánimos contra el francés, enemigo tradicional de los españoles.

No hubo paz. Carlos IV abdicó a favor de su hijo Fernando VII. Napoleón invadió España con la excusa de conquistar Portugal. Logró “secuestrar” al Rey, su hijo y llevárselos, y cuando los franceses quisieron apresar también al resto de la Familia Real, el pueblo de Madrid se alzó en armas el 2 de mayo de 1808.

Fueron los alcaldes de Móstoles quienes firmaron un bando declarando la guerra a Napoleón. La noticia de lo sucedido en la Corte pronto se extendió por España. A Cartagena le cupo el honor de ser la primera en seguir a Madrid. Valencia fue la segunda ciudad donde el pueblo se lanzó a la calle secundando la revuelta contra el francés.

El Palleter
Fue el 23 de mayo de 1808, de madrugada, cuando grupos de gentes comenzaron a congregarse en la plaçeta de les Panses, junto a la Iglesia de la Compañía, donde tenía su parada final el correo que venía en diligencia desde Madrid y llevaba la Gaceta con las últimas noticias de lo que sucedía en la capital.

En el último ejemplar, insertaba el anuncio de que Fernando VII, forzado, había abdicado a favor de Napoleón. La indignación popular estalló contra los franceses y hubo gritos de independencia.

Vicente Doménech, conocido por El Palleter, vendedor ambulante de ‘cañaheja’, se quitó la faja que llevaba, cosió a ella una estampa de la Mare de Déu dels Desamparats, a manera de estandarte y gritó “Un pobre palleter li declara la guerra a Napoleó. ¡Viva Fernando séptim i muiguen els traidors!”.

La cercana plaza del Mercado estaba llena de gente apasionada por defender a Valencia, se dirigieron al palacio de la Audiencia (hoy de la Generalitat). Al frente de ellos, se significó un franciscano, el P. Rico, y fueron a visitar a las primeras autoridades para que se sumaran al levantamiento popular, quienes les traicionaron, pues más que estar con el pueblo, pidieron refuerzos militares contra el pueblo, que pronto tomó las armas y los retenes de la Ciudadela, Capitanía y otros edificios de interés.

Los amotinados constituyeron la Junta Suprema de Gobierno del Reino de Valencia y anularon la Junta del Real Acuerdo, que era la oficial, no obstante la integraron en la nueva dirección, que dieron a presidir al Capitán General.

cites

Y más ha concedido Dios a Valencia una lengua polida, dulce y muy linda, que con brevedad moderada exprime los secretos y profundos conceptos del alma, y despierta el ingenio a vivos primores, donde le resulta un muy esclarecido lustre.” “Esta lengua formaron de lo mejor que había en la lemosina y por lo que les faltaba recurrieron a las tres lenguas más excelentes de todas las del mundo según antes hemos probado. De la hebrea tomaron... De la griega... De la latina tomaron todos los otros vocablos para hacer que la lengua fuese muy copiosa y tuviese propio nombre a cada cosa por rara que fuese.
Rafael Martin de Viciana

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