Singularidad lingüística

Per Agustí Franch

Eran todavía vasallos del rey Edecón, los primitivos "valencianos" habitantes en la peculiar y culta Edetania. Inmersos en la forzosa progresión que impuso la dominación romana, fueron alcanzados, como el resto de las regiones de la Península Ibérica dominadas, por el obligado aprendizaje del latín en detrimento de su habla nativa, aquella anteriormente recibida de la Tartéside, que el uso a lo largo del tiempo hizo propia del pueblo edetano. Porque, sabido es que cada una de las diversas regiones geográficas desarrolló sus posibilidades de acuerdo con su característico fondo étnico cultural; y porque la estructura racial anterior a la romanización sobrevivió después de la misma, lo que motivó un bilingüismo con la mezcla del latín y la lengua indígena. Todas las regiones peninsulares fueron bilingües, cada zona habló su propio latín, si así se puede llamar hoy una mezcla de latín y de la lengua indígena, lo que Pareti define como "patois" latino, que sirvió de base para la formación de las lenguas posteriores: es decir, los romances.

Cada región contenida en el perímetro peninsular, imbuida de sus hábitos, sus formas, sus costumbres distintas unas de otras, lo que constituye la peculiaridad regional propia de cada una, y de acuerdo con esas singularidades, cada una desarrolló ese "patois", confeccionando su propio dialecto. También contribuyó, a la formación de cada una de las variedades lingüísticas regionales, el idioma particular hablado antiguamente en cada una de las mismas.

A la formación de esa diversidad de lenguas también contribuyeron los extraños lenguajes introducidos en la península por conquistadores de toda laya, con ello iniciando, como dice Simonet, "...la considerable variedad que se nota desde entonces en los romances catalán, valenciano y portugués con respecto al castellano..." (Glosario, p. CXCVIII). Es uno, de los muchos reconocimientos expresados por este célebre arabista, sobre la existencia del habla propia de la Edetania que, andando los tiempos, permaneció y se mantuvo cuando esos territorios, perdiendo la condición de edetanos, alcanzaron la de valencianos.

No hay duda de la distinción que hace Simonet entre romances, llamando a cada uno por su nombre. Entre los varios autores que podemos citar en apoyo de este aserto, está Leopoldo Eguilaz (El Archivo, t. V, cuad. IV, p. 224-230), que añade: "...había varios dialectos, a saber: el andaluz, el aragonés, el valenciano, y el de la España oriental", incluye los territorios que en los tiempos prehistóricos y protohistóricos, los ocupaban diversidad de tribus, no todas coincidentes étnicamente, las que después continuaron distantes con el honorífico título de condados. De ese modo los autores serios y responsables, han mencionado el pedazo geográfico mucho más tarde llamado Cataluña. Mientras no saltó a la Historia la realidad geográfica catalana, con alguna brevedad debían referirse los autores al hacer mención de un espacio étnico-geográfico que, haciendo de él memoria con precisión y exactitud, deben nombrarse individualmente unas veinticinco tribus, quizá hasta treinta, con la referencia étnica a cada una correspondiente. Para abreviar tan embarazosas citas, entre otras se adoptó la de España oriental. Los autores que se han dejado llevar por sentimiento patrio, o por el interesado politiqueo catalanista, han obviado la Historia y han puesto Cataluña. Alusión indebida referida a tiempos en que no existía.

El reconocimiento de la autenticidad del habla valenciana ya viene de algún modo documentado desde el siglo XIII, cuando el insigne teólogo y orientalista fray Raimundo Martín, hace constar, en su vocabulario arábigo-latino y latino-arábigo, muchas voces con mayor parecido al valenciano que al castellano, según Simonet, que también en su Glosario distingue, del catalán antiguo, las auténticas voces antiguas valencianas.

La terquedad catalanista quiere negar hechos históricos indubitables, para lo que falsea la Historia continuamente. Delito moral que la deshonestidad prefiere ignorar.

Publicado el 21 de julio de 2004 en el Heraldo de Castellón

cites

Los dialectos de la lengua lemosina son la catalana, valenciana y mallorquina. La catalana ha recibido muchos vocablos de la francesa; la valenciana, de la castellana; la mallorquina se llega más a la catalana por ser hija de ella. De todas las tres, la más suave y agraciada es la valenciana y no me lo hace decir la pasión
Gregori Mayans i Ciscar

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