La verdad siempre resurge

Per Juan Vanrell Nadal

Hoy voy a escribir de prestado. Amables lectores desconocidos me hacen 
llegar datos y documentos. Agradecen mis artículos porque les confirman que 
están en el camino de la verdad histórica, que su lengua balear o valenciana es 
muy suya, hecha por ellos mismos a través de muchos años de historia. Su 
emocionada gratitud debe de ser para el director del Diario de Valencia, por su 
coraje e hidalguía en darles cobijo. En nombre de muchos mallorquines y 
valencianos, gracias, Jesús Carrascosa.

Juan Luis, mi hijo, me ha entregado un opúsculo que uno de sus clientes le 
dio ´para tu padre´. Las tapas, con los colores de la bandera republicana me 
desconcertaron. Comprendí luego su lógica. El librito data de 1932, segunda 
República española. Su precio, 70 céntimos de peseta. Su autor, José Osés 
Larumbe, maestro nacional de Barcelona. Con el sello de aquellos buenos maestros 
estilo Gabriel y Galán, se aferraba en sembrar la verdad y el bien. Para 
corregir tergiversaciones históricas que los ´iluminados´ pancatalanistas iban 
ya propalando entonces, publicó el mentado librito de 32 páginas, 
documentadísimo, y que tituló ´La nación catalana no ha existido nunca´. Lo más curioso 
es, que no escribe desde la nostalgia de la monarquía, sino desde la esperanza 
puesta en la República. Confiesa que ésta, estandarte de la democracia,  
libertad e igualitarismo, no aceptará nunca la desmembración de España.

En el prólogo explica retóricamente el motivo de su publicación: 
"Ofrendamos a nuestra Patria y a los buenos españoles este estudio para concluir de 
una vez con las falsas leyendas prodigadas entre el sencillo pueblo catalán 
para deslumbrarlo y llevarle a tristes aventuras políticas por las taifas que 
han envenenado el espíritu nacional" (p.4)

Para dar más rigor a su escrito aduce una cita latina de Tácito: "La 
verdad se basa en la investigación y los hábitos; la falsedad se vale del 
apresuramiento y la ambigüedad".

Las primeras líneas del texto -escrito, repito, en 1932- denuncian una 
falaz consigna pancatalanista, vigente aún en 2005: "El separatismo catalanista, 
para justificar sus injustificables propósitos se basa exclusivamente en el 
sobado ´hecho diferencial´. Todas sus argumentaciones de carácter científico 
se derrumban estrepitosamente por la base para caer en el mayor de los 
ridículos, con sólo consultar las más conocidas y autorizadas crónicas de los 
tiempos pasados y las obras de historiadores solventes". (p.5)

Después de una breve síntesis de la historia española se detiene en el 
inicio de la Reconquista: "Los españoles de Asturias iniciaron valerosamente la 
lucha. Los españoles del nordeste -hoy Cataluña- dejaron con su pasividad y 
temor a la guerra, para no perder sus vidas y haciendas, que los ejércitos 
árabes salvaran la formidable cordillera pirenaica, que jamás éstos hubieran 
logrado atravesar si se les hubiese opuesto mínima resistencia... otros 
valerosos godos, los francos, hicieron lo que los godos de la actual Cataluña no 
supieron hacer". Seguidamente comenta las consecuencias de este cobarde proceder: 
"La cobardía de los godos españoles del nordeste puso en peligro los estados 
cristianos del otro lado de los Pirineos. Pero los francos, siguiendo el 
ejemplo de los esforzados españoles cántabros, lucharon valientemente hasta que 
Carlos Martel los contuvo en Poitiers, año 732" (p.6). A continuación explica 
el porqué de la constitución de condados en el nordeste de España: "Carlo 
Magno y Ludovico Pío continuaron la obra y les tocó la empresa de proceder a la 
liberación de las tierras del nordeste español, que sus pobladores no habían 
sabido defender... llegaron a sitiar y tomar la ciudad de Barcelona en el 
801, habiendo sido dirigida la campaña por Ludovico Pío, rey de Aquitania, 
soberano de Septimania y heredero del Imperio de Carlo Magno... fue istituido el 
Condado de Barcelona, igual que se había hecho en Ausona, Ampurias, Urgel, 
etc. Los soberanos francos nombraban a los condes (gobernadores), que eran sus 
feudatarios."(p.7). Por lo visto, el monarca francés no tuvo la esperada 
ayuda de los liberados: "Ludovico no consiguió que aquellos godos, con demasiado 
sedimento fenicio y de carácter poco bélico, secundaran su empresa. 
Justamente irritado, decidió castigar la cobardía de aquellos cristianos, ya la fundar 
el condado de Barcelona creó una clase social que llamó ´payeses de 
remensa´, es decir, unos siervos adscritos a la tierra, casi esclavos, que en tan 
triste condición permanecieron varios siglos."

En este punto el autor hace hincapié en que "Cataluña no existía 
entonces", y que el propio condado de Barcelona, feudo de los monarcas francos, "era 
considerado por éstos como una parte más de España". Como prueba, aduce 
"preceptos" del propio Ludovico Pío. En uno, a petición del cura Martín Juan y 
otros, insta a los condes de Bera, Gaucelino, Gisclaredo, Odilón, Ermengario, 
Ademaro, Laibulfo y Erlino, a que respeten a los "españoles", "habitantes de los 
países que administráis". En otro ofrece su protección generosa: "Muchos 
espñoles no pudiendo soportar el yugo de los infieles y las crueldades que 
ejercen sobre los cristianos han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en 
aquella parte de ´España´ que nos obedece; deseando demostrarles nuestra 
bondad y la compasión que nos merecen, hacemos saber a todos cuantos se hallan 
bajo nuesto dominio que tomamos a esos ´extranjeros´ bajo nuestra protección" 
(p.7 y 8). Todo ello evidencia que el condado de Barcelona no fue nunca ningún 
´hecho diferencial´ y que la corona carolingia llamaba España a la actual 
Cataluña y consideraba a sus moradores españoles o extranjeros. Y así hasta la 
página 32, el autor va desenmascarando falacias históricas -¡interesadas!- de 
los apologistas del ´fet diferencial´, propalado por los panegiristas del 
nacionalismo catalán.

Me permitirán aquí que me centre en otros hechos también históricos y 
documentados. Constado que la actual Cataluña no existía en aquella época. Era 
solamente un conjunto de condados yuxtapuestos. Sus condes Gisclaredo, 
Laibulfo, Wilfredo II el velloso, no tienen, evidentemente, nombre español, ni 
catalán. Baleares y Valencia, en cambio, eran conocidos reinos moros, ricos e 
importantes. Los mozárabes de ambos reinos eran respetados, hablaban su propia 
lengua romance y mantenían sus propias costumbres.

¿Puede explicarnos Zapatero, Maragall, Carod-Rovira, Mas, Zaplana, Camps y 
Matas, por qué mil años después historiadores ¿? han tergiversado la verdad 
histórica y hacen creer que valencianos y mallorquines somos un producto 
catalán? Expliquen de una vez por todas cómo una Cataluña inexistente en 1229 y 
en 1238 pudo conquistar y dar lengua, costumbres y señas de identidad a 
Baleares y Valencia.

¡Ah!, el maestro Osés, en clasificación ideológica actual, sería 
considerado ´progre´. Sí, muy ´progre´, defendía la república. Creía que ésta 
suprimiría "privilegios e intereses creados", precisamente de los propulsores de la 
Cataluña nacionalista.

Confiaba en que mantendría la unidad de España, respetando la multiplicidad 
territorial. Adornó su librito con los colores de la bandera republicana, que 
cubre completamente sus tapas... Por más que pese a los impostores, ésta es 
la Verdad de la Historia.

cites

Hay unanimidad en los autores valencianos de los siglos XIV, XV y XVI en llamar valenciana a su lengua
Simó Santonja

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