Hay un "Gallego" en la luna

Per Unio Valenciana

Desde el 27 de marzo pasado leía en este mismo medio unos artículos que llevaban por título “Sobre la lengua: Idiomas per decreto (I) y (II)”, del que me llamó la atención la gran imaginación y el sarcasmo con que el autor abordaba un tema tan delicado, especialmente para los valencianos, y que constituye a la vez elemento identitario de muchos pueblos de la Tierra, la lengua.

Los estudios antropológicos serios son lo opuesto a aquellos a los que nos tienen acostumbrados nuestros “científicos” paisanos, que parten de premisas preconcebidas para llegar a las conclusiones predeterminadas que les mueven y les interesan; esos que, dejando el estudio de campo para otros, hacen las valoraciones en función de sus intereses, o si algún estudio de campo han realizado, los dejan primero dormitar en sus carpetas de trabajo, para que sean olvidados, cuando no son destruidos, no sea que alguien los encuentre y compruebe cómo la realidad social por ellos estudiada desdice en todo sus teorías preconcebidas y sus conclusiones interesadas que pretenden que aceptemos como actos de fe.

No dude que si los colombianos, los argentinos o los benicarlandos, llegan a desarrollar una conciencia de que su idioma, la lengua con la que se comunican, es el colombiano, el argentino o el benicarlando, están en su derecho de nombrarlas de ese modo, ¡Hasta aquí podríamos llegar! El derecho de los pueblos y el de los individuos está por encima de los decretos. Sabrá, sabrán, que la filología es una ciencia social y no exacta, y que, además en el mundo mundial se dedica a estudiar los fenómenos lingüísticos, desde la diacronía y la sincronía de los mismos, y no a imponer normas – de eso sólo se encargan algunas academias e institutos y algunos departamentos de filología - estos casi todos englobados en el entorno de lenguas como el catalán.

Pero se da el caso que de momento, ni aquellos, los del continente americano, ni estos - los benicarlandos - andan atribulados en estas preocupaciones. Pues los primeros no tienen problema a la hora de dar nombre a su lengua – castellano español -, ni nosotros, los benicarlandos dudamos en dar “otro” nombre a nuestra lengua propia que no sea el de lengua valenciana/ idioma valenciano. Sólo los “snobs”, els “coents” – como decimos por estas tierras -, amantes de decretos e imposiciones e inmersos en un continuo complejo de inferioridad, dicen, porque así és, que su lengua es otra, el catalán. Sí, esa es su lengua, porque han sido capaces de abandonar su lengua materna para, tras un proceso de “nurmalització” o convergencia con el catalán, dejar lo normal y propio, por lo ajeno e inventado.

Habrá que recordar aquí que el catalán, que es oficial en Cataluña y en el sistema educativo valenciano – aquí esto siempre suele maquillarse con apelativos como “valencià”, “la nostra llengua”, “la llengua comuna”…-, no es más que el producto de una imposición por decreto –y sino investigue el proceso que se siguió para normativizar esa lengua, el del invento y el de la imposición, protagonizados por una persona que no era filólogo (Pompeu Fabra) y por un político (Prat de la Riba).

Claro que las lenguas no pueden, o mejor, no deben ser impuestas por decreto, las lenguas son el producto de una sociedad, de su historia y progreso, y han de servir para comunicarse, no para crear clasismos o servilismos políticos o culturales.


Coincido con el autor del escrito aludido en hacernos eco de las mismas citas relativas a los acomplejados a la vez que falaces mensajes del presidente de la Comunidad Valenciana, pero no dudará en dar la razón al valencianismo, en que este señor es precisamente quien más ha hecho por la imposición del catalán en los colegios –sistema educativo- y en la administración, y lo ha hecho no sólo por Decreto, con la creación de la Academia Valenciana de la Lengua (sucursal y perrito faldero del Instituto de Estudios Catalanes que nos cuesta un pellizco más que considerable en los presupuestos anuales de la Generalitat), más aún, ha convertido esta organización “política” en una institución que forma parte de nuestro Estatut - por cierto del que nunca la ciudadanía ha tenido la oportunidad de votar como en otros territorios del Estado han hecho con sus Estatutos -.

Nuestro idioma, el valenciano, es una lengua que necesita de una especial atención y protección, y habrá que velar por evitar que se llene de barbarismos/extranjerismos en sustitución de palabras autóctonas – de eso debería ocuparse ese organismo que es la AVL - y no resucitar muertos, palabras caídas en desuso hace siglos, o velar por la convergencia con el idioma de nuestros vecinos del Norte. La lengua valenciana no necesita decretos que la condenen al olvido y a la sumisión a otras lenguas próximas, semejantes, pero no iguales. Y es que los valencianos, también los de Benicarló que sentimos el orgullo del pueblo que conformamos, no necesitamos de tutelas que ensucian nuestro idioma con palabras malsonantes y tan extrañas como los castellanismos que tanto odian los “catalaneros” (1) que se nos muestran con su halo de autoridad científica, que por cierto no vislumbran más que los de su secta y los que se mueven en sus círculos.

(1)     Dícese de aquellos que siendo valencianos, de origen o adopción, renuncian a su condición nacional para propagar el catalanismo y contribuyen a apoyar y difundir las ideas imperialistas que comporta el proyecto “de països catalans”

Secretaría de Cultura de Unión Valenciana.

cites

Cómo no va a ser el valenciano un idioma si fue la lengua de un Reino
Lluis Fullana i Mira

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