«País Valencià, innegociable»

Per Obdulio Jovaní Puig

Si Fernando el Católico tuvo su Gran Capitán —el de las cuentas farol— aquí tenemos su par, que no es Gonzalo sino Eliseu, que no es Fernández sino Climent y no es de Córdoba sino de Llombai. Es «l´almoiner» titular desde hace treinta años de «Acció Cultural del País Valencià», un singular PER cuyos fines son a la vez separatistas —de España— e integristas con los vecinos de la planta superior, con rígida y esquemática visión nacionalista, con sus códigos litúrgicos y su sacralización académica, afectados por el síndrome de letanías victimistas, su halitosis filológica, su cientifismo de cantinela infusa, con infinidad de armas de imposición masiva, como ese barceloní «dialecto infame e infecto» —dirá el padre Batllori, de los suyos— quien no entiende «que se pueda imponer como lengua nacional», de lo que cuidan multitud de filólogos de formato unánime —d´escudella, o sea— con mil y una entidades desplegadas tras las barricadas y antestaturas universitarias, con «L´Institut Ramón Llull» a modo de Estado Mayor, ese Komintern del seny, ese codicioso butrón en tabique ajeno en busca de una plusvalía… porque «Els Païssos Catalans deixen de pagar a Espanya o no serán». Hablan y accionan con la violencia de la convicción, dirá Josep Pla; de las tesis hacen axioma, de la muchedumbre argumento, de la cultura aparellaje fatuo, apriorismo, monolítica posesión de la verdad. Aquí es «culto» cualquier esnob…
 
Volvamos al recaudador. Días atrás se ha hecho recuento de lo que arrebañó, cual hormiga, cual urraca. En la Consellería de Cultura, tantas veces pasaba el cuezo —ayer con aquella entidad, ahora con estotra, mañana con una nueva— que los funcionarios le apodaban «Santa Teresa», tantas «fundaciones» hacía pidiendo dádivas. ABC calculó que en tiempos de Lerma, aquel presidente tragavirotes que tuvimos, hizo acopio de dos mil millones de entonces, en pesetas.
 
En 1982, en el 50 aniversario de las «Normas de Castellón», aquel tocomocho —que nunca fueron normas, que nunca fueron de Castellón, que sus defensores no han seguido nunca— hicieron declaración de gastos de campaña en Diario de Valencia, aquel periódico fenecido donde tantos cultos de vademecum mostraron sus engolamientos de dornajo y cargo, de amén y simonía, de cátedra endogámica… Estos fueron: 35.000 carteles de Normas de Castellón, 650.000 ptas.; 60.000 tarjetas anunciar actos en 250 pueblos: 650.000 ptas.; 100 comunicados en Diario de Valencia: 1.600.000 ptas.; 30.000 carteles convocando a Castellón 25 de abril: 400.000 ptas.; 500.000 adhesivos de «PaísValencià, innegociable». Y otras más que suman 5.545.000 ptas. Me dieron aclaraciones: «Pot dormir tranquil, senyor Jovaní, per ara no ens ha arribat cap or de Barcelona... Acció Cultural te 5.400 socis que paguen una quota mínima trimestral de 1.000 ptas., que molts d´ells superen, podem parlar d´un total de 8.100.00 ptas. trimestrals». A la trágala. Como les reproché lo de «innegociable», me amenazaron con los tribunales. Aún les espero. El día del «aplec» en Castellón volviendo de Vinaroz en el tren subieron unos incondicionales participantes. Por el pasillo del vagón organizaron una pantomima-simulacro de entierro, con uno de ellos subido en sus hombros a modo de ataúd… y los demás detrás, de plañideras. El «muerto» era Sanchis Guarner, fallecido meses atrás. Como diría Arrabal ¿qué clase de cultura se puede hacer con incondicionales?

cites

L´individualitat de la llengua valenciana dins de la familia de les llengües occitanes, cap que tinga una mija cultura, la pot posar en dupte.
Manuel de Montoliu

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