Genocidio: ¿Hasta dónde es aceptable?

Per Cesáreo Jarabo

Estamos viviendo una campaña en defensa de la vida que parece haber sido diseñada por el mismo jefe de los genocidas. Por un sitio y por otro se nos insta a que rechacemos la que es conocida como “Ley Aído”.

Se insiste, se machaca la mente oprimida de los esclavos del sistema en la necesidad de rechazar “ÉSTE” proyecto de ley, parece que con la manifiesta intención de subrayar como positivo el actual estado de cosas que permite el genocidio de, aproximadamente, unos 120.000 españoles al año. Y en esa campaña parece estar inmersa hasta la mismísima jerarquía eclesiástica, de cuya catolicidad ya hay quién duda.

Es muy triste la trayectoria llevada a cabo por la jerarquía eclesiástica desde los principios del genocidio citado. La pléyade de obispos anticristianos, encabezada por los sempiternos Tarancón, Cirarda, Setién, Amigo...etc., han dado pábulo a los administradores del genocidio y han confundido diabólicamente al pueblo cristiano, en el que han sembrado la cizaña del relativismo.

Lo lamentable es que, contrarrestando las ocasionales luminarias que son aportadas por algunos obispos católicos, siguen apareciendo agujeros negros que, generados por la misma jerarquía, aportan nueva oscuridad al pueblo cristiano.

Así, la última genialidad es la protagonizada por al Obispo auxiliar de Madrid, don Juan Antonio Martínez Camino, a quién personalmente no tengo ubicado en el campo del enemigo... salvo que persevere en lo que acaba de manifestar, que no es otra cosa sino la consagración del genocidio actualmente instaurado en España como el “sancta sanctorum” del humanismo.

Dice el señor obispo auxiliar que se negará la comunión a quienes apoyen la reforma del actual del genocidio en España... y dada esa situación me pregunto si también se negará la comunión a quienes lo que pretendemos no es la reforma de esa forma de asesinato, sino su eliminación y la reclamación de responsabilidades penales a aquellos que la han hecho posible.

Porque las leyes, sean de genocidio o no, pueden ser reformadas en uno o en otro sentido, y su reforma, como su mantenimiento, significan aceptación por parte de quién adopta tal postura. Así, lo que procede con la ley de genocidio, no es su reforma ni su mantenimiento, sino su abolición. Lo demás no es sino connivencia con el genocidio... Y a los conniventes con el genocidio, en uno o en otro momento, en este mundo o en el otro, se les exigirá cuentas.

Humildemente entiendo que la excomunión, en estos términos, ni tan siquiera depende de la jerarquía. Humildemente entiendo que quién favorece el genocidio está directamente excomulgado... Lo reconozca una jerarquía correcta, o deje de ser reconocido por una jerarquía injusta.

Lo que debe hacer la jerarquía es ser consecuente con el cristianismo... o dedicarse a otros asuntos. Y lo que debe hacer la grey cristiana es exigir catolicidad a su clero.

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Pero es el caso que Valencia no quiere ser otra cosa que Valencia. Su lengua, la valenciana, difiere lo bastante de la catalana para poder permitirse gramática y vocabulario propios
Salvador de Madariaga

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